Descripción
Maram escribe en una época en la que lo fragmentario ha terminado por llevarse el gato de la expresión artística al agua, donde chapotea a su anchas en el océano de la relatividad. Y Maram no podía sustraerse a esa corriente universal. Pero hay en nuestra amiga siria tal voluntad integradora que los cien fragmentos de Te miro pierden su condición original y sueldan sus palabras para formar un único ser lírico, una triste y hermosa historia de éxtasis amorosos y desoladas lejanías.
Una historia de amor en la que dos pronombres, tú y yo, yo y tú, se eluden y se persiguen, se matan de deseo y se fulminan de desamor a lo largo de todo el libro. Sin un respiro, sin dar tregua a las emociones que surgen de muy dentro del alma, ni a los deseos que brotan de muy dentro del cuerpo, los pronombres en los que se desdobla Maram integran en la ola de su ciclón sentimental a los objetos que los rodean (cómoda, silla, cama, lavadora), haciéndolos partícipes de sus temblores.
Hay versos memorables en ese recorrido hacia el gozo supremo o el desastre: “… Y él me reveló / su desnudez, / el hambre de su cuerpo / y el hambre de su alma, / y las llagas… / que el tiempo le dejó. // Lo cubrí / con el manto del deseo.” Versos en los que llueve el sudor de la amada para hidratar la piel doliente del amado, y versos como balas de fracaso que acribillan el corazón. Versos en los que Maram se lanza sobre él con el cuchillo profundo del sueño para evitar que él, a su vez, la arroje al suelo, la devore y acabe lentamente con ella. Versos que apuntan, con la precisión con que un arquero zen apunta al blanco, a la orgullosa confesión final: “Cada vez que un hombre / me abandona / me vuelvo más hermosa. // Más hermosa…”
LUIS ALBERTO DE CUENCA
“Dos cosas me atan a la escritura de Maram al-Masri: la primera reside en que da una forma lingüística a su feminidad, vivida e imaginada, en su perceptible pureza original, y que en esferas de palabras, sentimientos e impresiones, se desliza a rienda suelta, desbocada, por los laberintos del sexo.
La segunda es que todo lo anterior lo traduce con una escritura como si surgiera antes que el arte, como si fuera un mero informe o un proyecto, como si la escritura fuera una cuestión orgánica y no técnica. Lo traduce con la pasión de un estilo cotidiano, sencillo, cálido, incontenible, que a punto está de chocar con su cuerpo, pero que casi se detiene al borde del lenguaje”.
ADONIS
…”Y entonces el latigazo de sus versos nos sobrecogió: estábamos ante una voz de misteriosa e indiscutible altura poética que brillaba en la noche como esos besos de altas horas o como esos deseos incandescentes que anidan en cada memoria. Supimos que contemplábamos verdadera Poesía, en llamarada, chorreando vida”.
JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
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